lunes, 10 de agosto de 2009

Pequeñas consideraciones irlandesas

Justo dentro de una semana, con un buen amigo, regreso a Irlanda, otra genial amiga. Esta vez con propósitos más peregrinos, aunque no menos importantes: reencontrar lugares en los que viví, que visité, gente a la que quise. Hace tres años que no piso aquellas tierras; me fui sin más, emprendí un camino para poner punto y final a otro. Allí siguen algunos a los que encontré. Recupero unas anotaciones de la libreta de aquel viaje, sólo para regusto personal, intentar recuperar aquel extraño color que todo lo teñía también de una forma extrañamente sentida.

"Una vuelta al recurso. Una vuelta a los miedos. Cojo el avión para volver a Sevilla; espero que los enlaces no den problemas; espero que el equipaje no de problemas; espero que mis compañeros de asiento no den problemas; espero que en svq las cosas hayan cambiado en algo, para que las cosas simplemente dejen de dar problemas. Sin duchar ni afeitar, perfecta antítesis de la canción de La Niña de los Peines. Sin haber dormido demasiado, añado. Habiendo cometido mis tradicionales tropelías; habiendo protagonizado mis elocuentes evasivas...Cantando Guantanamera como una forma ideal de dejar de pensar (J dixit).

Y me siento el hombre más triste del mundo al sentarme en el aeropuerto ante la inmensa desdicha de renegar de varios sueños. Tener que dejar esos verdes ojos de Irlanda, que te miran tan dentro de las entrañas que te vuelven carnaza de una tierra de la que en cambio llevan huyendo secularmente sus habitantes...Cada uno sufre el hambre de una forma diferente, cada uno debe sobrellevar una carencia.

Y me siento el hombre más extrañado del mundo. Vida errante, locos consuelos del alma; el diablo está en uno mismo y huimos porque no queremos pensar. El trasiego no te da tiempo para milongas. Etc. etc. etc. Palabras sin música.

Cuánta gente se encuentra en lugares comunes a los que llegan sin nadie, acaso sin nada. Solitarios. Me gusta la idea de empezar; allí, allá, con estos, con otros...hacia donde tantos llegan buscando sus orígenes, desde las amplias llanuras de Canadá, las asfixiantes costas de Australia o el mezquino desierto que merodea Ciudad del Cabo, es desde donde tantos otros queremos mirar al futuro arrinconando el corazón contra las rocas y la humedad de uno mismo, en un pequeño y afable trozo de tierra flotante.

Por eso es necesario creer en la gente. La gente sigue, permanece, lucha. Y hay millones que andan buscando su destino y sintiendo que su búsqueda no es solitaria; es una búsqueda compartida; quizás la misma que existe desde que el hombre es hombre y desde que todos sabemos que necesitamos, que anhelamos, que es desde siempre. Encontrar algo o simplemente buscarlo, eso es lo importante."

1 comentario:

Samantha dijo...

Es algo inexplicable....sensaciones que nunca se podràn repetir... Cuàndo he regresado me he dado cuenta que Irlanda me ha dejado màs de lo que pensaba.. Amo esa tierra encantadora y toda la gente que gracias a ella he conocido...